Uno de los objetivos que más busco, de la manera más beligerantemente permitida es ese cúmulo de tonterías indefendibles con las que nos obligan a convivir en nuestro día a día especialicafeínico, sin ningún tipo de fundamento, más allá del “yo molo más”. Perdón. “Yo QUIERO molar más”.

¿De qué hablo?, del día que me negaron un Café Americano en una reconocida de Berlin con un combo Cara-de-Asco/Tono-de-desprecio: “We don’t serve Cafe Americano here”.

Perdonen señores y señoras molonas. Bueno. No me perdonen. Cuélguense de un pino o algo, porque en contra de lo que nuestros enemigos torrefactos puedan pensar, no somos snobs, ni sibaritas (en el sentido peyorativo), ni pijos. Bueno esos del we-don´t-serve-Americano sí, pero esos me caen mal.

Este trauma personal, de no haber podido tomarme un Café Americano porque me apetece, es una  muestra de las auto-limitaciones que nos imponemos por aquello de pretender ser diferentes por encima de la auténtica filosofía de lo que para mí (y creo que voy bien encaminado) debe ser el Café de Especialidad: excelencia, control de la cadena, trazabilidad, trato directo, tostación artesanal, conceptos muy trillados y por trillar  en este vehículo de expresión que les ofrezco, y en los que no veo por ningún lado “Café Americano NO” si el espresso es de Especialidad, extraído según fórmula, con una máquina a la altura, el agua de calidad y la mezcla equilibrada.

French-Press en la Playa de Salinas (Asturias, Spain)

Por eso os voy a hablar de la French-Press, uno de los métodos de extracción más sencillos y socorridos en cualquier situación, sobre todo y en mi opinión, cuando hay movimiento y premura.

La French Press o Prensa Francesa, la reconocida cafetera de émbolo, más allá de las características históricas y técnicas, fácilmente consultables en los canales cibernéticos habituales, resulta una solución perfecta para un viaje de cualquier tipo: camping, hotel (aaayyyy los cafés de los hoteles), y sobre todo, por el tiempo.

La justificación más habitual de la French Press, para mí, es la facilidad y rapidez de la preparación. Porque sí, ya estoy muy cansado, pero que muy cansado, pero mucho, y cuando digo mucho es mucho, de oír eso de “es que no me da tiempo por la mañana” (mentira) “las cápsulas son tan fáciles de hacer” (blasfemia) y lindezas semejantes.

Mentira. Blasfemia.

-Caliente el agua en la kettle a 93º (justo hasta que empiezan a aparecer las primeras burbujas del hervido, justo ahí, apague).

-Ponga 15 gr./200 ml de agua (fórmula de referencia, sobre esa base puede variar según su gusto).

-Revuelva

-Espere 4min. Máximo 4min. Sólo!!!!

-Revuelva

-Está.

No hay ningún motivo, absolutamente ningún motivo, de tipo temporal u organizativo que impida este proceso.

Es verdad que no sale tan limpio como un V60, o un Aeropress. Por mucho que acertemos con el tamaño de molienda, siempre va a quedar cierto poso, y al apurar la taza notaremos su presencia en boca, pero aún así sigue siendo un método muy digno para saborear un buen Café, injustamente denostado.

Es verdad que no es la manera más ideal, pero tampoco se merece la quema en la hoguera, vamos a calmarnos un puquiñín. La French Press no ha hecho mal a nadie, al contrario, a mí me ha dado momentos de gloria sensitiva en casi todos mis viajes, y cuando no me ha acompañado, la he echado de menos.

No voy a pedir perdón a los we-don’t-serve-Café-Americano por desayunar French Press, ni disfrutar de un Café tan sano y fácil de preparar, ni dejar de apreciar los matices de mis tostadores de referencia fuera de mi casa en un viaje cualquiera. No me váis a liar. Yo soy de la French Press.

Que conste.

 

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