Escribía Sabina, y cantaba Ana Belén, que al lugar donde has sido feliz, no debieras tratar de volver, pero supongo que ninguno de los dos estaban pensando en Granada. Esa ciudad a la que es obligatorio ir, al menos, un montón de veces, por un montón de razones. De hecho, la primera vez que viajé, tras varios años de intención y proclamas del tipo “este año visito Granada”, incumplidas por la pereza sobrevenida de los muchos km. entre Asturias y Andalucía, y envalentonado por la excitación aventurera de cualquier viaje bien acompañado, tenía la convicción de que volvería muchas más veces. Un montón de ellas.

Mi historia de amor con esta ciudad comenzó antes de llegar: se me ocurrió llamar unos días antes para saber lugares que visitar, y la respuesta de la autoridad competente, fue “usted salga a tomar cañas, y pida tapas, aunque no se las den, usted la pide, pida una tapa”, y claro, con esa filosofía es imposible no pasarlo bien, y sentir “yo soy de Granada”. Evidentemente, les hice caso, y pasé 5 días de felicidad absoluta perdiéndome de manera voluntaria e inconsciente, por el embrujo de las calles granaínas.

La Alhambra (sin prisas), obvio, y también las cañas, y las tapas, sí, siguiendo directrices superiores; y el Mirador de San Nicolás, y el atardecer, y el Paseo de los Tristes, y el Albaicín entero, y Sierra Nevada si os motiva, y las calles que no son el Albaicín (Realejo, Sacromonte) y las teterías, y las jaimas, y Discos Bora-Bora, y el arte, y la música, y la gente, y todo. Pues además de todo, queda aún una más: Noat Coffee (C/ Santa Escolástica, 7; IG: @noatcoffee), uno de mis Coffee Shops favoritos del mundo, y que debería ser desde ya, parte de la lista de sugerencias obligatorias.

Uno de esos locales, que valdría de muestrario de factores que definen un Specialty Coffee Shop. Pocos lugares como Noat, son capaces de cumplir las expectativas previas, por altas que sean.

La curiosidad y el interés que me provoca la apertura de cualquier nuevo espacio de Café de Especialidad, fue mucho mayor al enterarme, que era la primera incursión en Andalucía de Rigth Side Coffee, uno de mis tostadores de referencia. Y casi diría de cualquiera.

Quise ir a Noat Coffee desde ese momento. Sólo alguien con la ideas muy claras, y todas las ganas de hacer las cosas bien, afronta el desafío que supone abrir un Coffee Shop de esta manera tan meritoria, con un tostador de la calidad y filosofía de Rigth Side, con la dificultad, y la incertidumbre que representa esta cultura en estos momentos, fuera de los dos centros principales en la península: Madrid y Barcelona.

Así que fui a Granada.

Noat Coffee se encuentra en la zona de El Realejo, a un corto paseo desde la Gran Vía, por lo que no hay excusa para acercarse, pilla de paso hacia La Alhambra, y próximo a un templo de la caña-tapa: el Bar Candela (supongo que el plan posterior está claro, ¿no?). Es un local pequeño, equipado con una GS3 para espresso y, como decía antes, los cafés del gran Joaquín Parra y todo su equipo de Rigth Side. Hospitalario y sociable, desprende una atmósfera muy acogedora, con detalles decorativos muy cuidados, y el sello personal de Safia, su propietaria. Una barista experimentada, sobrada de habilidades, con aprendizaje en otro imprescindible: Satan´s, en Barcelona. Persona de gran amabilidad, carisma, y buena conversadora, un día decidió arriesgarse y desarrollar la cultura del Café de Especialidad en su Granada natal, iniciativa por la que le estamos muy agradecidos.

El 13 de febrero celebró un año desde su apertura, y desde aquí le deseo muchos aniversarios más, por todo lo dicho y porque pretendo volver a Granada, y a Noat Coffee, a pesar de la distancia.

Feliz primer aniversario Noat Coffee. Nos veremos pronto. Y espero que vosotros también. No siempre se puede decir de alguien que es imprescindible.

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